Deambular por los mercados de Marruecos se convierte en una experiencia inolvidable. Ya en la entrada nos invade el aroma de las mil y una especies que se mezcla con el olor a miel y almendra que proviene de los abundantes puestos de dulces.
Tampoco nuestra retina puede permanecer impasible ante el estallido de color de los mostradores donde legumbres, tintes y alimentos en salazón están apilados, en perfecta formación, desafiando la ley de la gravedad.
Es un bombardeo continuo a nuestros sentidos y, como no, a nuestra remilgada mentalidad europea. Al llegar a la parte destinada a la venta de carne, no podemos evitar una mal disimulada expresión de sorpresa al encontrarnos con las cabezas , colas y patas, aún con la piel, de terneras, cabras u ovejas.
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Las legumbres y cereales. |
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Limones, aceitunas y botes de encurtidos perfectamente apilados. |
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Carnicería. |
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Puesto de especies y tintes. |
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