A la entrada, antes de ascender a las terrazas, nos ofrecen un ramito de hierbabuena para poder mitigar el hedor. El espectáculo es tan asombroso e impactante que hace que te olvides de los efluvios que emanan del contenido de los depósitos.
El proceso de curtido se remonta a tiempos muy remotos, las pieles van pasando de unas cubetas a otras hasta convertirse en finas piezas de piel aptas para la marroquineria.
Primero, se pone la piel en remojo para arrancarle el pelo, a continuación pasa a los depósitos que contienen cal viva para deshacerse de las adherencias, después se sumergen en agua con estiércol de paloma para ablandarlas, y así sucesivamente hasta los depósitos de tinte para acabar tendidas en los tejados secándose al sol.
Depósitos de cal viva.
Depósitos de ablandado y tinte.
Secado de las pieles.
Mujer tapándose la nariz al paso de las pieles ya curtidas.
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